En los años sesenta, las diferencias entre las condiciones
de trabajo y de vida entre los trabajadores españoles y los de los países más
avanzados, se hacía evidente de mil una manera, por las noticias de la
emigración –eso explica que yo no pude acceder a la SEAT porque puse en
“currículo” que había pasado por las cadenas de la Renault, por el turismo o
incluso por la propia prensa que contaba como los