Rupturas, rupturas, rupturas
En el curso de las discusiones
suscitadas alrededor de mi libro, Memorias de un bolchevique andaluz (El Viejo
topo, Barcelona, 2002), algunas amistades han hecho notar la sorpresa entre una
línea de rupturas personales, y la existencia de una continuidad política y
militante…En el primer caso, todo parece evidente. Dejé mi localidad a los 14
años, a los 16-17 abandoné el cristianismo, estuve exiliado en Paris dos largos
años, conocí un cambio traumático de pareja, y también dejé la gran ciudad
para vivir más apartado en un pueblo. No
todo el mundo puede contar lo mismo, pero por lo peral, entiendo que fueron
rupturas básicamente positivas: me hicieron crecer. Sin