Jean Vigo, Á propos de
Nice, la suite
Resulta extraordinario
que su excepcional prestigio se apoye sobre todo en dos películas que tuvieron
una gran influencia en el desarrollo posterior del cine francés. La conexión
anarquista de Jean provenía directamente de su padre, Eugène-Bonaventure de
Vigo, periodista y militante de origen catalán según unas fuentes,
ítalo-francés según otros. Fue ampliamente conocido en los medios libertarios
de su época con el sobrenombre de Miguel Almereyda (anagrama de "y a de la
merde"), director del periódico “Le Bonnet Rouge”. Su trayectoria
militante se inscribe en el capítulo que Jean Maitron describe como de
“dispersión de las tendencias”, y se adscribió especialmente en la Liga Antimilitarista
cuya divisa era “Pas un homme, pas un centime pour le militarisme¡”. Almereyda
llegó a ser uno de los principales organizadores del Congreso antimilitarista
de Amsterdam. Por sí esto no fuera suficiente –en una Francia enferma de patrioterismo
como se verá más tarde, en 1914, su nombre apareció ligado a la tentativa de
atentado contra Alfonso XIII a finales de mayo de 1905, tentativa fallida que
Carlo Malato atribuyó a Mateo Morral, quien al parecer, por la época frecuentó
París según consta en las memorias de Pedro Vallina, Almereyda también sería de
los portavoces de la corriente anarquista integrada en el partido socialista
sin renunciar a sus criterios propios, lo que llevó una y otra vez a la
prisión, y finalmente a un suicidio que no se creyó nadie. El biógrafo de Vigo
lo sitúa en una evolución cada vez más reformista en el área de Jean Jaurés
(pacifista radical que fue el primer muerto de la “Gran Guerra”), y al decir de
Porton, llegó a compartir la actitud “pro-guerra” de otros anarquistas como
Kropotkin y Jean Grave. Sin embargo, a Jean lo trataron como a “el
hijo del traidor”.
En el retrato
cinematográfico que le dedicó un pretencioso Julien Temple, Vigo. Historia de una pasión (Burning Up, Francia-GB-España, 1999), el
papel de Almereyda le correspondió al actor sevillano Adolfo Fernández, pero la
historia se le escapa. Esta fue una evocación silenciosa ya que esta aparición
tiene lugar a través de los sueños de Jean, como un “fantasma que domina su
vida”, de una conexión que al parecer de Temple resulta determinante ya que
este “Vivió atormentado por el asesinato de su padre. No podía olvidarlo, y su
inicio en el cine responde a una inquietud política. Tan sólo en los últimos
años, al realizar L´ Atalante,
aceptó su pasado y se inspiró en su propio existencia para hacer una película
sobre su vida”. ¿Asesinato o suicidio?, todo indica que se trató de un
suicidio, eso sí inducido por una situación que acabó resultando insoportable
para el veterano anarquista. En la trágica ocasión, se dice que utilizó los
cordones de los zapatos que su hijo le había regalado unos días antes…
La historia de Vigo es en
buena parte, la de un cinéfilo empedernido. Toma parte muy activa del cineclub
de Niza, lo que le procuró contacto con experimentadores cinematográficos de
todo el mundo. En 1929 se compró una cámara Debrie que probaba por todas
partes. Por este tiempo, invitó a Boris
Kauffman (hermano de Dziga Vertov) para trabajar con él y
realizaron la obra: “Sobre Niza”
(À Propos de Nice -1930). En
este corto mudo, Kauffman filmaba y Vigo dirigía. Con frecuencia Vigo llevaba a
Kauffman a pasear en silla de ruedas con una cámara entre las piernas y tapada
por una manta (la silla de ruedas pasaba desapercibida en una ciudad como
Niza), calificada por él mismo como "punto de vista
documentado", en realidad se trataba de una requisitoria contra la
sociedad burguesa. Así eran capaces de filmar a las personas sin que se diesen
cuenta, que era lo que ambos buscaban porque eran partidarios de la
teoríakino-pravda (cine-verdad), lo que le liga con el cine “bolchevique” más
experimental.
Truffaut, que homenajeó a
Vigo en su primera y mejor obra, Los 400
golpes –en la que no poca gente encuentra registros anarquistas- , escribió en Las películas de mi vida: “Pasando
revista al cine francés de los inicios del sonoro, se da no cuenta de que entre
1930 y 1940 Jean Vigo esta prácticamente sólo sin más compañía que la de Jean
Renoir, el humanista, y Abel Gance, el visionario, aunque la importancia de
Marcel Panol y de Sacha Guitry ha sido infravalorada por los historiadores del
cine. Evidentemente, Vigo está más cerca de Renoir, aunque lo supera en crudeza
y también en pasión por la imagen”.
Anotemos que, aparte de
diversos documentales franceses, tenemos un film colectivo sobre Jean
Vigo, Á propos de Nice, la suite
(Francia, 1995) en el que tomaron parte, cineastas como Raoul Ruiz,
Costa-Gravas, Catherine Breillat, Abbas Kierostami, o el portugués Manoel de
Oliveiras que entrevista a Luce, la hija de Vigo que dirá: “Me gustaría decir
algo que siempre me ha preocupado. Encuentro injusto haber sido objeto de
prejuicios favorables por ser la hija de Jean Vigo, mientras que Vigo fue
objeto de prejuicios desfavorables porque era el hijo de Almereyda, un
anarquista muerto en prisión”.
Y finalmente: añadamos
que el apartado dedicado a Vigo es uno de los más brillantes en el libro de
Richard Porton sobre el cine y el anarquismo editado en Gedisa (Barcelona,
2001). Actualmente, el conjunto de su obra es perfectamente asequible en DVD, y
deberían ser pasto de buenos cine-forum.
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