Halldor Laxness,
comunista, Nobel olvidado

Después de una
estancia en América (1927-1930), Laxness criado en un pueblo de campesinos no
tenía la menor simpatía hacia el capitalismo americano. Lo mismo que el Poeta
en Nueva York, volvió de una estancia en América de 1926 a 1929 convertido en
un completo radical. "Precisamente en los Estados Unidos", escribió,
"vi el sistema capitalista en su evolución suma, y afirmo que hay que ser
un idiota para no hacerse socialista en América."
De estas y otras cosas
habla en sus Poemas (1930) y en su ensayo El libro del pueblo (1929)
manifiestan su evolución hacia el marxismo; realizó, además, un viaje a la URSS, que relató en Viaje al
Este (1933), aunque su fama internacional se debió ante todo a tres ciclos de
novelas escritas en la década de los años treinta: Salka Valka (1931-1932),
retrato de una madre y su hija, trabajadoras en una planta de salazón de
anguilas, y la que me sirvió como introducción gracias a un viejo ejemplar que
encontré en la entidad tibetana GER con la siguiente nota "Donatiu de
Víctor Alba", y la nota de edición pone: Sudamericana, 1957; Gente
independiente (1934-1935), en la que muestra los esfuerzos desesperados de un
campesino pobre por ganar a los campos desertizados un espacio para sembrar, y
La luz del mundo (1937-1940), gran ciclo novelesco en el que traza el perfil de
un poeta proletario, consagrado al poeta campesino Olafur Kárason Ljosvikingur
que prosigue en los tres títulos que la completan la cuatrología: El castillo
del país del verano (1938), La casa del poeta (1939) y Belleza del cielo
(1940).
En esta obra clave
relata la vida del trovador de los mendigos, Olafur Karason Liosvikingur. El
capitalista Pietur llamado en general "triple caballo" exige del
poeta la total sumisión de sus creaciones a los intereses explotadores de
Pietur. Olatur es un hombre débil y enfermo, pero al mismo tiempo un audaz
espíritu rebelde. Durante mucho tiempo se contenta con arrastrar una vida
mísera en un mundo propio, de justicia suya, creado por su fuerza imaginadora,
pero por fin se rebela contra el despotismo de Pietur y con sus canciones llama
al pueblo a la lucha.
Su experiencia está en
la historia de la resistencia, cuando el movimiento nacional fue interrumpido
para llegar a una acuerdo con las clases dominantes, deteniendo una revolución
que ya estaba en marcha. Laxness describe que el director Pietur no obra con
justicia respecto a las tareas sociales; el socialismo, representado por Orn
Ulfar, ignora la cuestión nacional (cuyo símbolo en la novela es la belleza
pasajera y paisajística de Islandia), el trovador mendigo Olafur, que por una
parte adora a su patria y por otra siente como proletario, intenta adherirse a
uno u otro bando, pero queda siempre descontento porque sólo una parte de su ser
es satisfecho. El ideal que lo atrae desaparece una y otra vez como un elfo en
la noche de verano. Esta es una literatura que vive por sí misma, y que no se
ajusta para nada a los criterios de la propaganda.


Todas ellas criticaron
la sociedad burguesa de su país desde un punto de vista socialista. Cierto que
su literatura es lo menos parecido que pueda haber al llamado "realismo
socialista", y la prensa de los países llamados socialistas le achacaban
que los comunistas no estaban dibujados de una manera muy real. La respuesta es
simple: ¿Cómo iban a estarlo? Viven, coma todas las demás figuras novelescas,
en el espacio mágico: aquella Walkiria rubia bajo la bandera, con los pechos
palpitantes y los cabellos al viento, había estado ya en los Nibelungos. Para
el escritor, el comunismo no es otra cosa que la superficie imaginativa
política de la proyectada luz del mundo, el sueño de una revolución que
emancipara a los trabajadores y trajera más luz. Lo mismo de patriota que de
socialista, Laxness está también descontento de la evolución de Islandia. Como
su héroe Olafur, se siente irritado por las condiciones reales, como Olafur,
busca salvación en el horizonte. Su creación ha nacido de este impulso: Al
mezclar Laxness la isla de hoy con el viejo mundo de las sagas. los hombres de
hoy con los elfos, las brujas, los adivinos, que hacen transformaciones y
realizan milagros, crea un espacio mágico con el que las realidades no pueden
ya chocar. No es una casualidad que por la obra de Laxness cruce con tanta
frecuencia el Joekel, la aleta de Islandia, el sitio santo. no terrestre ya,
donde está guardado el Santo Graal. donde brilla la luz emancipadora del mundo.
A finales de los años
cincuenta, Laxness empezó a dejar de los asuntos sociales y su literatura se
hizo más lírica e introspectiva. En 1957 publicó El pez puede cantar; en 1960,
El paraíso reclamado (Orbis, 1983), y en 1968, El cristianismo en el glaciar.
Cien años de cuentos nórdicos (Ediciones de la Torre) incluye relatos suyos. El literato dedicó
sus últimos años productivos a escribir sus memorias ya la construcción de su propio
mausoleo con multitud de objetos y recuerdos.
Alma inquieta donde las
hubiera, a los veinte años Laxness se convirtió del luteranismo al catolicismo,
y residió en varios países de la
Europa continental. Durante esta época viajó a París donde se
sintió vivamente influenciado por el surrealismo y el expresionismo alemán, así
como Freud y por Joyce. Su posterior estancia en Estados Unidos le desengañó de
la fe católica y una nueva ideología entro con fuerza a acaparar su intelecto.
El socialismo fue el prisma a través del que observó el mundo durante los años
treinta y cuarenta. Fue un apasionado defensor de la Unión Soviética
hasta que se produjo la invasión de Hungría en 1956. Ante tal situación,
Laxness, un hombre de contrastes que se encuentran en el infinito: realista e
idealista, nacionalista y socialista, poeta y político, escribió apesumbrado
sobre la cuestión el 7 de noviembre de 1956 escribió Laxness,: "El error
que han cometido los soviéticos en Hungría es para mí, socialista islandés, motivo
de una gran tristeza. Soy miembro del Consejo de la Paz Mundial. Nada
está en mayor contraste con el movimiento de la paz mundial que la intervención
armada de ejércitos extranjeros contra pequeños países. Si guardase silencio
ante los acontecimientos de los últimos días en Hungría, me parece que no
volvería a sentirme con derecho para protestar contra las acciones de ejércitos
extranjeros en otros países."
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