LUISE REINER, LA ESTRELLA COMPROMETIDA
neoliberalismo, en bajo el cual hasta personajes tan monstruosos como los Bush o el exvicepresidente Chesney, el apólogo de la tortura “patriótica”, por no hablar de “nuestra” Esperanza Aguirre, pueden ensuciarlo hasta extremos inconcebibles.
Pero su mayor
prestigio le llegaría con dos interpretaciones premiadas con el Oscar que
mereció como lo merecieron muchas veces otras grandes actrices. El primero fue
en 1937 por El gran Ziegfeld (The
Great Ziegfeld), obra de Robert Z. Leonard, un artesano que consiguió en el
género musical sus mejores títulos y que consiguió tres oscar incluyendo el de
la mejor película; el segundo fue al año siguiente con La buena tierra (The Good Earth), una
celebrada adaptación de la obra más conocida de Pearl S. Buck (1892-1973), que
justamente ganó el primer Nobel femenino norteamericano el año siguiente.
Curiosamente, Luise se lo arrebató a Greta Garbo que era la favorita por el
célebre melodramaLa dama de lascamelias, un papel que ella había
rechazado.
Insatisfecha también
con la escena, intentó un regreso a la gran pantalla en 1943 para protagonizar
junto a William Bendix la mediocre película bélica Hostages (1943), dirigida por el “black liste” Frank Tuttle. Esta
fue su última aparición en el cine antes de una vuelta en los años 50 en una
cinta germana, Der Erste Kub (1954)
y, muchos años después, una participación en The Gambler (1997), una vulgar
adaptación de "El Jugador" de Dostoievski, un autor que nunca tuvo
suerte en el cine.
Los reconocimientos le
alentaron a encararse con el mismísimo a Louis B. Mayer, al que le dijo que ya
no estaba dispuesta a encasillarse en los papeles que le había asignado el
rígido contrato que le había impuesto MGM. Como el célebre productor
respondió que no estaba dispuesto a rebajar sus exigencias, ella decidió tomar
distancia del mundo que la había encumbrado a la condición de estrella.
"No quería ser sólo una herramienta más dentro de una gran fábrica. Decidí
huir", dijo muchos años después, sin arrepentirse de su decisión de
escapar de Hollywood y mudarse a Broadway para dedicarse desde allí mayormente
al teatro.
Su filmografía no dio
mucho más de sí, aunque lástima que cuando Fellini le ofreció un papel escrito
expresamente para ella en La dolce vita,
Luise no aceptó. Regresó al teatro donde desde muy jovencita se inscribió
en la célebre compañía de Max Reinhardt, que también recabó en el exilio.
Al decir de Thomas Mann, “Luise Rainer en un escenario es pura poesía”.
Su nombre es citado ampliamente en la producción catalana Hollywood
contra Franco, un documental realizado por Oriol Porta y escrito por Llorenç
Soler e Isabel Andrés, que aborda el tema en plan reportaje de investigación,
de manera amena y didáctica. Aunque estrenada en el 2009, la película ha sido
emitida hace poco por el Canal 33 y resulta asequible en su edición en
DVD.
Durante décadas, el
franquismo prohibió la sola mención de su nombre, y ella respondió con su mejor
desprecio de manera que en 1986, cuando con ocasión del 50 aniversario del
inicio de la lucha contra los militares fascistas, fue invitada por el
Festival de San Sebastián, se negó a seguir hospedada en el hotel en el que lo
había hecho el Caudillo.
Creo que no se le
podía pedir más información y exigencia cuando en 1982 prestó su prestigio para
ofrecer el Oscar a la “Mejor Película en Lengua Extranjera” a Volver a
comenzar, del impresentable y acomodaticio José Luís Garci, pero esta es ya
otra historia.
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